Imagen tomada de la película "El coronel no tiene.." de Arturo Ripstein (1999)
Rodrigo tenía 15 años cuando
leyó esta novela de García Márquez.
Aunque ya habían pasado varios años de haber
disfrutado cada página de ese libro, ahora recordaba la historia perfectamente.
Cada viernes, el
Coronel se preparaba para ir al encuentro con el cartero quien le traería esa
noticia que tanto anhelaba. Y como cada viernes, siempre le traía la misma
respuesta "El coronel no tiene quien le escriba".
Muchas personas
piensan que es una novela triste, que retrata la pobreza y las injusticias de
ese pequeño pueblo, pero él siempre pensó que el tema central es la esperanza, la
esperanza de que un día, en el momento menos pensado, algo cambiaría.
La vida le había quitado
muchas cosas al Coronel, principalmente a su hijo, su tranquilidad y muchas
cosas materiales. Lo único que el Coronel conservó intacta fue su
esperanza, la cual venía cada viernes en forma de cartero y veía todos los días
en forma de gallo de pelea
Y fue entonces que un día Rodrigo se dio
cuenta lo mucho que recordaba la historia del Coronel, principalmente desde el
primer día en que esa persona tan especial para él se mudó de ciudad, justo
cuando la relación comenzaba a florecer.
Solo el trabajo podía mantener su
mente alejada de esa espina. Trabajaba horas y horas, pero al llegar la noche y
principalmente los fines de semana, su mente solo pensaba en una cosa: recibir
una noticia o una llamada.
De poco servían los consejos de sus
amigos y familiares, nadie podía siquiera imaginar el torbellino de
pensamientos y sentimientos que llevaba sobre sus hombros. Comprendió entonces lo
que sentía el Coronel cuando todos le aconsejaban vender su gallo.
Lo peor venía esas noches de
insomnio, cuando la imaginación y los celos se convertían en sus peores
enemigos. Ojalá unas cuantas lágrimas hubiesen podido aliviar esta sensación de
vacío. Fue duro, pero aprendió que algunas veces no podría tener control total
sobre su destino. No podía hacer nada y punto.
Y las noticias no llegaban. Algunas
veces pensaba que esta distancia entre ellos era cada vez más grande, incluso
más aún que la distancia entre las dos ciudades donde vivían. Y entonces hacía
planes, aunque en el fondo sabía que no había plan.
Al igual que al Coronel, sabía que solo
le quedaba esperar y si esas terribles noches era precio que tendría que pagar
por al menos una luz tenue de esperanza, esperaría meses, años, incluso esperaría
toda la vida.
Y sucedió que un día…

