viernes, 20 de diciembre de 2013

"El coronel no tiene quien le escriba"


Imagen tomada de la película "El coronel no tiene.." de Arturo Ripstein (1999)

Rodrigo tenía 15 años cuando leyó esta novela de García Márquez.

Aunque ya habían pasado varios años de haber disfrutado cada página de ese libro, ahora recordaba la historia perfectamente.

    Cada viernes, el Coronel se preparaba para ir al encuentro con el cartero quien le traería esa noticia que tanto anhelaba. Y como cada viernes, siempre le traía la misma respuesta "El coronel no tiene quien le escriba".

     Muchas personas piensan que es una novela triste, que retrata la pobreza y las injusticias de ese pequeño pueblo, pero él siempre pensó que el tema central es la esperanza, la esperanza de que un día, en el momento menos pensado, algo cambiaría.

     La vida le había quitado muchas cosas al Coronel, principalmente a su hijo, su tranquilidad y muchas cosas materiales. Lo único que el  Coronel conservó intacta fue su esperanza, la cual venía cada viernes en forma de cartero y veía todos los días en forma de gallo de pelea

Y fue entonces que un día Rodrigo se dio cuenta lo mucho que recordaba la historia del Coronel, principalmente desde el primer día en que esa persona tan especial para él se mudó de ciudad, justo cuando la relación comenzaba a florecer.

Solo el trabajo podía mantener su mente alejada de esa espina. Trabajaba horas y horas, pero al llegar la noche y principalmente los fines de semana, su mente solo pensaba en una cosa: recibir una noticia o una llamada.

De poco servían los consejos de sus amigos y familiares, nadie podía siquiera imaginar el torbellino de pensamientos y sentimientos que llevaba sobre sus hombros. Comprendió entonces lo que sentía el Coronel cuando todos le aconsejaban vender su gallo.

Lo peor venía esas noches de insomnio, cuando la imaginación y los celos se convertían en sus peores enemigos. Ojalá unas cuantas lágrimas hubiesen podido aliviar esta sensación de vacío. Fue duro, pero aprendió que algunas veces no podría tener control total sobre su destino. No podía hacer nada y punto.

Y las noticias no llegaban. Algunas veces pensaba que esta distancia entre ellos era cada vez más grande, incluso más aún que la distancia entre las dos ciudades donde vivían. Y entonces hacía planes, aunque en el fondo sabía que no había plan.

Al igual que al Coronel, sabía que solo le quedaba esperar y si esas terribles noches era precio que tendría que pagar por al menos una luz tenue de esperanza, esperaría meses, años, incluso esperaría toda la vida.

Y sucedió que un día…



martes, 26 de noviembre de 2013

Las bodas






Me gustan las bodas. 
Es mi evento social favorito (y eso que no soy muy social).
Me gustan las bodas por todas las implicaciones que traen consigo.

Para algunos, la boda es tal vez la decisión más importante de su vida. 
Y es que no es del todo cierto que sólo se casen "ellos dos", la realidad es que son las familias las que se realmente se casan. Cada una de ellas, presentan a su hijo o hija ante otra familia. Cada uno de los futuros esposos, llevan "tatuado" el estilo y la forma de vida de su familia. Llevan en sus hombros costumbres, hábitos, creencias y se enfrentan con los de su futura esposa o esposo, y de esa lucha solo puede salir victoriosos cuando su amor sea lo suficientemente fuerte. Es cursi, pero cierto.

Me gustan las bodas.
Me gusta ver como se miran los futuros esposos. Me gusta ver como se tratan, como se hablan, como comienzan a ponerse de acuerdo. No importa que ya vivan juntos de hace tiempo o que ya estén compartiendo su intimidad, en la boda hay una especie de "borrón y cuenta nueva". Y qué decir cuando la pareja es inexperta y se puede sentir la "ilusión" flotando en el ambiente, esa ilusión de que no sólo encontraron "su pareja", sino que están construyendo un lazo y un "compromiso" con ella.

Me gustan las bodas.
Cuando son religiosas, me gusta el intercambio de votos, cuando dicen: 
- "Yo te acepto como mi esposa(o) y prometo serte fiel.. amarte y respetarte todos los días de mi vida". 
Me gusta porque en ese momento cada uno de ellos realmente cree que así sucederá.

Me gustan las bodas.
Cuando hay recepción, me gusta ver el primer baile, porque en ese momento a la vista de los novios sólo existe su pareja. Pareciera ser que los invitados se desvanecen con los primeros acordes de la canción elegida y lentamente vuelven a aparecer cuando se acercan a bailar con ellos. Me gusta ese baile con sus padres, esos diálogos sin palabras donde el padre de la novia le dice que está orgulloso de ella, su princesa; donde la mamá del novio que le dice a él que está dispuesta a compartir su amor con la mujer que ha elegido. Esa mirada de la suegra que le dice al yerno que siempre estará pendiente que trate bien a su hija y esa expresión del suegro pidiéndole a su "nueva hija" que haga feliz a su hijo.

Me gustas las bodas.
Me gusta que los nuevos esposos estén rodeados de sus verdaderos amigos, los cuales expresan sus mejores deseos. Hoy en día guardo en un lugar muy especial en mi corazón las bodas de mis amigos.

Me gustan las bodas.
Cuando apenas vivirán juntos, me gusta pensar en esa escena al final del evento, cuando todos los invitados se van, cuando los últimos familiares se despiden y los novios se toman de la mano se van juntos, como suponen pasarán el resto de sus días. Como al llegar a su habitación vendrá su mente ese viejo "cliché" de que el novio debe cargar a la novia y de la manera más cursi lo harán. Como esa noche, sin importar las veces que hayan intimado en el pasado, se entregarán uno al otro, sellando con ese acto colmado de pasión el compromiso adquirido. 

Me gusta las bodas.
Me gusta imaginar como al despertar al día siguiente, ya no tienen que guardar ninguna "apariencia", ni sentir ningún tipo de vergüenza por haber tenido sexo. Me gusta imaginar como comienzan a acostumbrase a que las decisiones se tienen que tomar entre dos. 

Me gustan las bodas.
Aunque duren un año o dos o tres o diez o quince o toda la vida. Nadie puede saberlo. Nadie puede asegurar que la rutina haga su sucio trabajo, que la tragedia meta su "mala pata" , que los problemas económicos desgasten y rompan ese lazo, o que simplemente que las costumbres y hábitos arraigados "choquen" de forma 
irreparable con los de la pareja y las diferencias se hagan abismales.

Podría decir muchas más razones por las cuales me gustan las bodas, pero concluiré diciendo que me gustan porque al menos para mí, fue el día más feliz de mi vida. Que casualidad ! un día como hoy hace 14 años.

Lo que pasa después, es parte de una historia que con asombro apenas estoy descubriendo. 

Este aprendiz, tiene mucho que aprender.


domingo, 19 de mayo de 2013

Contando historias

Y fue entonces que un día, después de haber visto leído, visto y vivido tanto, comenzó a escribir.